lunes, 23 de julio de 2018

Huayna, como un viejo amigo






Nieve del altiplano ...


Cuando decidimos ir a la montaña, en principio nos proponemos un objetivo deportivo, aunque sabemos que una actividad tan movilizante y estremecedora, en sus resultados excederá por mucho el ejercicio físico. Aun así, sin perder sensibilidad por esos aspectos que llenan nuestras expectativas más profundas y trascendentes, es importante el logro deportivo, para ello nos entrenamos metódica e intensamente, lo hacemos en forma particular y sumados a los programas de entrenamiento de AGS, tanto en los aspectos de la resistencia y la fuerza, como así también en las técnicas propias de estas disciplinas que deben mantenerse activas. Junto a Laura Poljak compartimos con muchos camaradas la pasión por la actividad física, eso ayuda mucho para sostener en el tiempo los planes de entrenamiento, a veces, bastante ingratos porque ocupan mucho tiempo.
Días antes de salir participé del Doble Agonía 2018, un entrenamiento especial del programa Eliminator Primates, fue extremadamente duro, ciclismo y ascenso con un recorrido de casi 200 Km y mucho frío, nieve y viento, completar ese recorrido me dejó muy conforme con mi rendimiento frente a los objetivos que nos habíamos trazado para el mes de junio.
Una vez en Bolivia primero nos juntamos con nuestros amigos Christian Cerne y Naty Coscararte y después de descansar dos días para aclimatarnos, nos dirigimos al valle Tuni – Condoriri. Había nevado mucho en la última semana y nos encontramos con la nieve mucho antes de llegar al campo base, en el auto que viajábamos tuvimos que sortear el piso helado. En Rinconada un paraje con unas pocas casas contratamos a Luis para nos lleve la carga con tres burritos hasta el campo base, el y su señora que andaba con un bebe de dos meses en el amarro sobre su espalda, acomodaron las cargas y salimos hacia nuestro destino Luis fue solo porque era demasiado tarde y seguramente regresaría de noche y eso era demasiado para el bebé. Acampamos como pudimos arriba de unos cincuenta centímetros de nieve, en un lugar que yo no recordaba nevado, ni la gente del lugar tampoco. Para comenzar, siendo respetuosas de la aclimatación ascendimos al Pico Austria de 5350, habitualmente es una montaña con solo algunos manchones de nieve pero estaba completamente nevada, no sé si facilita o dificulta el transito, si que estaba mucho más bella, la subimos rápido, salimos tarde confiados en que podíamos ir a una tasa de ascenso cercana los 300 m/h, que no es la gran cosa, pero para nosotros estaba bien y lo conseguimos.
Un día de descanso en el campo base y salimos los cuatro para intentar el ascenso del Nevado Pirámide Blanca, esta vez la distancia a recorrer era mayor y la altura de 5280, en este caso se debe transitar por un glaciar con bastantes grietas y un par de rampas de mayor inclinación, tal vez unos 45 grados. Por lo tanto se debe ir encordados y usamos un estaca para asegurar el paso sobre un de las grietas del camino. Desde la cumbre disfrutamos una vista excepcional del arco de montañas del sector Condoriri como así también el Huayna Potosi, el descenso lo hicimos rápido, teniendo cuidado de mantenernos encordados y atentos porque las grietas suelen ser malas sorpresas en esos terrenos. 






                 


       





         

Repetimos la rutina de descansar todo un día y nos levantamos un poco más temprano, aunque no en los horarios en se estaban moviendo los grupos de las empresas que poblaban el campo base en número bastante modesto. Salimos solo tres porque Naty desistió debido a no se sentía bien, volvimos sobre el mismo glaciar que habíamos recorrido dos días antes aunque el camino se desviaba en otra dirección cuando optamos por ir hacia el Nevado Tarija 5320, la pendiente se hace más pronunciada y las grietas mas grandes por lo que debimos hacer varios rodeos. El acceso a la parte final se hace por un sendero angosto con caída a ambos lados, pero firme y suficientemente ancho para pasar muy tranquilo. Alcanzamos la cumbre y las nubes se hacían más oscuras y más densas sobre el Alpamayo Chico que veíamos claramente frente a nosotros. En la cumbre del Tarija decidió quedarse Christian, le dejé la cámara grande para que consiga unas imágenes que resultaron muy buenas. Desde allí es necesario bajar bastante por una pendiente fuerte de rocas muy inestables, aunque no ofrece mucho peligro, con habilidades mínimas se puede supurar bien, lo hicimos así, Laura bajó primero y lo hicimos encordados, nos reunimos en la nieve al pie del macizo de rocas del Tarija, en un filo bastante angosto, desde allí la pendiente se pone cada vez más dura. Al bajar nos cruzamos con un grupo grande de unos seis o siete, con dos guías que no habían subido y nos alertaron sobre muchos peligros y que íbamos muy tarde, no respondimos de manera muy amistosa a sus consejos y seguimos. Buscábamos las huellas o alguna marca de otro grupo que habíamos cruzado antes de alcanzar la cumbre del Tarija, ellos y su guía nos habían dicho que el acceso a la cumbre del Alpamayo Chico 5370. estaba bien, porque habían estado ahí hacia una hora y media. No encontramos tales marcas y debimos usar un par de tornillos y estacas para asegurarnos en unos tramos, la prudencia llegó junto con el cansancio, es una forma de adelantarse a los desastres, por si falla el buen juicio lo mejor es ceñirse a los procedimientos. Nos costó esfuerzo alcanzar la cumbre, aunque lo hicimos rápido, una vez arriba grabamos un video y empezamos la bajada, que por la pendiente exige atención y fuerza aunque no hace falta rapelar, sino mas bien estar muy despierto. Terminamos el filo hasta encontrar las rocas del Tarija las cuales es fácil escalar claro que con cuidado porque hay mucho material suelto. Subimos bien, un poco con las manos, pero mayormente usando los piolets en la roca y otra vez en la cumbre saludamos a Christian, lo sumamos a la cordada y emprendimos la bajada hasta el base. 
En las carpas comimos casi todo lo que quedaba y nos acostamos temprano, pensando en la bajada y muy conformes con lo hecho en ese valle, también allí nos separaríamos.

sábado, 23 de junio de 2018

Pisando suave en el Altiplano ...

Salimos para Bolivia despidiéndonos de amigos y familiares y gracias a Nector Alarcón pudimos cruzar la cordillera para llegar a Temuco, a tiempo de tomar u bus a Santiago. En Santiago teníamos que retirar unas botas que había comprado Laura, saludar a mi sobrino Raimundo y a mi prima, dar unas vueltas y tomar un avión que nos llevaría a La Paz. Todo parecía fácil hasta que, sentados en el living del hotel, un poco tarde, nos enteramos que las botas no estaban disponibles lo que dio el punto de partida a una maratón de tiendas con la asistencia indispensable y invaluable de Raimundo hasta poder comprar otro par, no fue fácil y sobre el cierre de las tiendas en los minutos de descuento que nos proporcionaron las chicas de ChileMontaña pudimos comprar tan indispensable accesorio. Cenamos con buen vino tinto, recuerdos y mensajes para Argentina y Australia donde otros familiares compartían a la distancia ese encuentro casi casual en un restaurant de Providencia. Nos fuimos los tres: Laura, Natalia y yo al hostel del barrio Bellas Artes y dejamos arreglado un taxi para las cinco de la mañana del otro día.

Nos despertamos con un poco de resaca, salimos sin desayunar rumbo al aeropuerto y una vez allí nos arreglamos con un cafecito durante la espera antes de los trámites para abordar el vuelo a Bolivia. Todo paso rápido mientras yo me preparaba mentalmente para el impacto de los cuatro mil metros de altura de la ciudad más andina de todas. Aterrizamos y viajamos en un taxi hasta el centro, servicio de primera que hasta se detuvo para que tomásemos unas fotos de una vista de bienvenida desde lo alto del acceso a La Paz. Una vez en el hostel me acosté de inmediato sin sentirme muy mal pero seguro que en la misma línea de mi vida pero en sentido contrario estaba viniendo la manada de búfalos que me haría pasar por el calvario de la aclimatación que para mi fisiología siempre es muy dolorosa y molesta. Descanse y al fin fui arrollado por esa rugiente manada que me dejo tirado cuarenta horas con vómitos y tremendo dolor de cabeza. Casi recuperado, sin haber comido nada, baje a desayunar con Laura, Naty y Christian que había llegado un día después. Salimos de compras y en una agencia contratamos un transporte para que nos lleve al valle Tuni-Condoriri.

Los días que pasamos en el valle Tuni – Condoriri me dejaron algunos escozores en la piel de los labios, un cansancio profundo y un alto grado de satisfacción. Los días que pasamos en La Paz, se produjeron una serie de nevadas que blanquearon la aledaña ciudad de El Alto y las zonas más elevadas de La Paz.  Salimos a media mañana por el caótico transito de calles hechas para mulas y peatones en tiempos de la colonia y con dos taxis por motivos de las restricciones que rigen para la circulación, complicado pero eficiente el sistema nos dejo en un auto amplio con un chofer simpático. Viajamos por el camino que va hacia Copacabana y al dejar el asfalto avanzamos pisando nieve, por un nuevo acceso que nos dejo bastante más cerca del campo base que la tradicional entrada por Tuni que conocíamos desde hace años. El taxi resbalaba sobre el piso helado y el talentoso Juan nos demostró la capacidad de su Nissan con un buen piloto. En ese punto llamado Rinconada contratamos tres burritos para llevar la carga, que incluía una valija de viaje que daba una sensación de clara ridiculez a nuestra carga.  Marchamos abriendo huella hasta el campamento ubicado unos siete kilómetros hacia el norte y a unos seiscientos metros por encima, Luis y su señora, una joven aymara con su bebe de meses en el amarro sobre su espalda cargaron los animales y luego de unas fotos junto a unos chicos de Palcoco, un poblado cercano, que habían subido hasta ese lugar para disfrutar la nieve, comenzamos la caminata. No se apreciaban bien los perfiles de las montañas que recordábamos claramente porque unas poderosas nubes las cubrían, esas mismas nubes nos indicaban que debíamos apurar el paso para armar en campamento antes de la noche. Era tarde y la caminata, por más entusiasmo que tuviésemos, se hacía lenta y pesada, medio metro de nieve sobre el suelo era el motivo principal del sobre esfuerzo.

Cayendo la tarde descargamos los burros, pagamos a Luis con propina para el bebe y sin mediar búsquedas ni elecciones muy criteriosas armamos las dos carpas. El piso nevado y muy irregular prometía un descanso a medias, pero no teníamos alternativas, el frio penetraba la ropa y las manos heladas pedían un ambiente más cálido, nos metimos en las bolsas de dormir y cocinamos y pasamos la noche bastante cómodos escuchando algunas nevadas durante la noche. Despertamos rodeados de blanco, se habían cubierto los bolsos en equipo y comida que estaban al lado de las carpas, desayunamos y decidimos cambiar de lugar el campamento. En el lugar opera un refugio de aspecto muy feo, posee la estética de un obrador en medio de esas maravillas de la naturaleza, lo gestionan personas de Palcoco, amables tipos rudos, curtidos, que ofrecen algunos servicios con sentido claramente profesional: cocineros, guías y porteadores. En los alrededores de ese sitio habían armadas unas ocho carpas de las pequeñas y dos estructurales que usaban de comedor dos grupos de empresas de turismo activo de La Paz que estaban allí con sus grupos integrados por norteamericanos uno y por españoles y chilenos el otro. No tuvimos mucho contacto con esas personas. Francisco uno de los hombres del refugio nos presto una pala y con ella limpiamos la nieva para instalar las carpas sobre terreno seco, casa que conseguimos, no así la horizontalidad que anhelábamos. Entre palear nieve, mover piedras, cambiar las carpas de lugar y mates y mates no podía faltar el recuerdo de mi paso por ese mismo lugar hace veintinueve años atrás junto a Federico Cipitelli y Fernando Diby. Aquella vez cuando aun existía el Club Andino Neuquen, recibimos una invitación del Club Andino Boliviano para un encuentro internacional de andinismo, un fracaso del cual escribiré otra vez. Terminamos en ese mismo lugar dentro de otro encuentro, uno organizado por el Centro de Excursionismo Andinismo y Camping de La Paz, invitados especialmente por quien fue nuestro protector en aquella ocasión; Iván Blanco Alba. Allí estábamos varios grupos, unos de Guayaquil, otro del Colegio San Gabriel también de Ecuador, unos norteamericanos, Salvador y dos más de Girona en España, Sergio Balivian con un amigo japonés y muchos del C.E.A.C. provenientes de La Paz y también de Cochabamba, lo notorio es que en esos años todas eran expediciones autónomas, no había guías ni clientes como es ahora el universo montañero, al punto que esta vez Francisco el encargado del refugio no encontró una denominación para nosotros, porque no éramos guías ni clientes, pero que en definitiva nos parecíamos mas a clientes que a los guías que por allí circulan, no supo definir un término que nos identificara y sin convicción dijo; “son algo como clientes pero sin guía”, rápidamente me sumergí a mis pensamientos de cuán importante es la identidad en general y en este especial segmento del montañismo y que se manifiesta en esto; el alpinista clásico ha perdido su identidad, y esa pérdida es materia constitutiva de la declinación significativa de las actividades autónomas en las montañas. Charle largo sobre este tema que me apasiona y después decidimos que al día siguiente intentaríamos el ascenso del pico Austria. 










martes, 21 de junio de 2016

ZONA DE AVENTURA


Al aire:

Columnas: en "Todo Bien" lunes a las 11:30
                    
                    en "Vuelta de página" viernes a las 18:30

MIERCOLES 21:30 hs. 

Coberturas especiales: Expediciones y travesías de aventura.

Móviles en vivo a través de telefonía satelital







Difusión de imágenes y contenidos en Internet:

· Banners

· Mailling 


 https://www.youtube.com/user/zonadeaventura



Página más cinco grupos asociados, segmentados específicamente: montañismo, escalada, bicicleta de montaña y aventura.

lunes, 25 de abril de 2016

PROMOCION y AVENTURA

Verano 2018

Desde al 26 de diciembre al 7 de enero integraremos la expedición AGS al Nevado Juncal de 5968 m.s.n.m. montaña de dificultad media, con travesías sobre glaciares, escaladas y filos muy expuestos.

La expedición estará compuesta por cordadas independientes, de dos a cuatro miembros cada una, con el objetivo de alcanzar la cumbre de manera autónoma.

En este caso Laura Poljak y Toni Rodriguez compartirán una vez más las cuerdas, las decisiones y el esfuerzo para alcanzar este desafiante objetivo. Quieren compartir los resultados promocionales y publicitarios con quienes vean en esta propuesta la posibilidad de exponer su marca asociada a las arriesgadas acciones deportivas realizadas en un impactante escenario.


Cobertura especial de ZONA de AVENTURA - LU5 AM600 

PROGRAMA DE SPONSOREO ABIERTO
MILES DE CONTACTOS A SU DISPOSICION

Un equipo comprometido desafiando vertiginosas aventuras, en escenarios aislados y remotos, excepcionalmente bellos y peligrosos. 
Dedicación, autonomía, compromiso, trabajo en equipo y gestión de riesgos.

Espacios promocionales y publicitarios
  • Logos adhesivos sobre vestimenta.
  • Logos adhesivos sobre carpas.
  • Banderas y estandartes.
  • Equipamiento y vestimenta en condiciones reales de uso.
  • Menciones y créditos 
Difusión:

Internet:

· Videos You Tube

· Banners

· Redes sociales

· Mailling

Medios Gráficos:

Entrevistas y notas en diarios y otros medios.

Almanaques y/o posters.

Radio:

 
Presentación y despedida en moviles satelitaels desde las actividades.


Otras acciones promocionales.

Televisión: 

Entrevistas y notas con respaldo de imágenes.

Presentaciones:

Muestras audiovisuales. c/ video

Conferencias. 














zonadeaventura@lu5am.com

viernes, 13 de noviembre de 2015

Escalada y alucinante viaje por Patagonia Norte

El comienzo de un nuevo año, para nosotros, es sol y calor. Días en los que la luz nos acompaña hasta muy tarde, tiempo de sombras largas que se dirigen hacia el norte. Antes que el sol definitivamente empiece su camino hacia el extremo boreal, vamos a esforzarnos por aprovechar este verano, y aprovechar, significa salir lo más posible a escalar, subir montañas, andar en bici, caminar o solo permanecer en la naturaleza. Un compromiso que hemos adquirido con nosotros mismos hace mucho tiempo ya y que se proyecta en nuestros planes, es nuestro estilo de vida. Por eso, en los últimos días de 2015 limpiamos el interior de la camioneta, le revisamos las cosas que hay que revisar y Laura empeñosamente organizó dos bolsos con equipo para escalar y también para el campamento. Llevamos otras cosas más como sillas y una mesa de camping, el equipo de mate, una cuantas botellas con agua, dos cajas con comida y ropa. Brindamos por un año nuevo y a mí se ocurrió pedir tres deseos para este 2016: incertidumbre, adversidad y peligro. Laura comparte esto conmigo y sabemos que, sobre todo, depende de nosotros lo que ocurra, tener la iniciativa para no dejarse manejar por las circunstancias.
Habíamos invitado a varios amigos para compartir este viaje pero fueron desistiendo, se fueron quedando y el 2 de enero tempranito, como decimos aquí, salimos desde Neuquén para Bariloche. La ruta llena, dificultades en el transito que se hacen menos pesarosas con unos buenos mates. Desde Bariloche, continuamos mientras comíamos unos panes y queso hasta la ruta para El Bolsón. Peor, horrible víbora metálica serpenteante sobre la carretera a treinta por hora en algunos tramos, camiones subiendo muy lento y muchos autos. Al llegar nos interceptaron unos chicos del Club Lacar de San Martin de Los Andes que venian de Piedra Parada, fuertes escaladores que como los vemos cada tanto y los conocemos desde muy chicos tenemos que esforzarnos para reconocerlos en cada uno de estos esporádicos encuentros. Amablemente se dirigieron hacia nosotros y la verdad que es una alegría verlos y saber cuánto han progresado deportivamente, están de verdad fuertes. Después compramos algunas cosas y seguimos para Esquel, poco antes de llegar a esa ciudad el camino se divide y tomamos a la izquierda una ruta que después de unos kilómetros se convierte del asfalto a la tierra. Llegamos a Gualjaina y solo pasamos, mirando las casas y la plaza me tenté con una cervecita, pero quedaban kilómetros de curvas. Con sol aun, ingresamos al camping de Mario Moncada justo a 300 metros del ingreso al cañadón de la Buitrera y abajo de la Piedra Parada en la costa norte del rio Chubut. Nos registramos,hicimos una observación respecto del bajo precio del camping y enseguida nos encontramos con Tincho, Bianca y Betiana de San Martin de los Andes quienes en el acto nos invitaron una cerveza y tortas fritas una combinación de alimentos bastante desprestigiada pero que repetimos varias veces. Después nos fuimos a acampar acomodándonos al lado de su camper construido sobre una Toyota roja. Abajo de un sauce, estacionamos la camioneta y la carpa cerca del fogón.
La paz del lugar y el ambiente de gente escaladora lo hace muy parecido al paraíso para nosotros, extensos desayunos y no menos extensas sobremesas luego de la cena, ya que en esos lugares el almuerzo es un sándwich o una fruta bajo las vías de escalada. Como pocas veces, cocinamos con fuego de leña y Laura evocaba sus inolvidables viajes en familia con su padre, el Nene Poljak su mamá Elsa y Tony Poljak, su hermano. Con hornito chileno para el churrasco, recorrieron los ríos y lagos persiguiendo a los evasivos peces que al Nene le encantaba pescar. Historias en motor home que incluyen a "la Rayen", la foxterrier destinada a la cacería de jabalíes que terminó durmiendo en la almohada de Elsa y su gusto por andar en lancha. Todo eso; recuerdos, panes, buzos, pantalones, todo ahumado y las pantorrillas picadas por los tábanos como cuando era un niño en el fundo el Coihue.
Salíamos después del desayuno para el cañadón de la Buitrera donde se encuentran las vías de escalada que aparecen en cada risco. Hay de toda dificultad y las vienen equipando desde hace muchos años, Fideo Molina ha sido pionero en esto y la realización del Rock Trip Petzl en 2012, un encuentro de escaladores de alcance global, consolidó el lugar y lo promocionó a nivel mundial. La calidad de la roca, la estética y las particularidades de las vías lo hacen un lugar con cinco estrellas para la escalada deportiva.
Cada día repetíamos el rito de caminar ese par de kilómetros, elegir algunas vías, prometer que al otro día nos levantaríamos más temprano y después de dos o tres escaladas decir: "hoy corto la cuerda" porque tenía un machucón bien fiero cerca de una punta. Esa cuerda es un aspecto especial de la salida, prestada gentilmente por nuestro amigo MartiN la llevamos porque no teníamos una tan larga, estaba endurecida, bigotuda y gorda, nada apetecible por cierto, pero era la que había disponible y prestó buen servicio aunque pesaba mucho y le costaba pasar por el dispositivo de freno (Gri Gri). Laura escala muy lindo, yo endurecido sin ganas de golpearme sufrí bastante aunque por alguna razón me despertaron una especie de desafío esas dificultades.






































A los pocos días arribaron Alejandro (Ranger) García Micocci y Gonzalo Azuaga, descollantes miembros de Bariclim, organización autoconvocada de escaladores barilochenses. También Cande y África acompañaron esas jornadas cuando se fueron los chicos de San Martin de los Andes. Al irse Tincho, Betiana y Bianca nos dejaron un calentador TORCH nuevo de regalo, gratificante sorpresa que empezamos a usar calentando aguan en el cañadón para tomar unos mates entre escalada y escalada. Por último llegaron los miembros de La Legión; subagrupación semi clandestina de Agreste Sur, muy jovencitos y motivadísimos, Juani y Franco Toscani, Leandro Casamayor, Leandro Maureira, Cesar Ventura y Agustín García. Aporte juvenil y buenos recuerdos de muchas salidas, entre ellas haber compartido la cumbre de Aconcagua hace un año con los dos Leas y Juani. Conocimos bastante gente y no olvidaremos a Roy Bairo y su compañero con aspecto de Koinor ultra macizo que se cepillaba los dientes con tres maquinas diferentes a toda hora. Buenos escaladores y buenos tipos venidos de California. En el camping y en el cañadón me llamo la atención la cantidad de familias con chicos que pasaban sus días escalado y jugando bajo las paredes, una opción entretenida y novedosa para muchas parejas con hijos, amantes de la aventura y la naturaleza.
Las vías tienen los nombres ingeniosos y a veces cómicos que se les han ocurrido a quienes con una buena dosis de creatividad, gran capacidad motriz y advocación por la actividad las diseñaron y equiparon. La dificultad responde a los condicionamientos que ofrecen para ser transitadas y la graduación es un consenso entre lo propuesto por el equipador y muchos escaladores de buen nivel. Van de 5 a 8 y el incremento de dificultad es exponencial, lo que determina que la diferencia entre 5 y 6 es casi insignificante comparada con la que separa a 7 de 8. Cada día escalábamos juntos o acompañados por alguno de nuestros amigos. Casi al finalizar nuestro tiempo allí, en una zona del cañadón conocida como "La Clavera", Laura tuvo dos lindos vuelos y en uno impactó su pie con la roca que le provocó bastante dolor ya que sus tobillos están muy maltrechos por numerosas esguinces producto de aterrizajes en paracaídas sobre piso irregular. Ella continuo probando vías hasta lo último y yo seguí bastante limitado y un poco molesto por mi pésima performance. No había sentido antes una sensación tan angustiante frente a una posible caída, no me asustaba llegar al piso ni nada parecido, solo que mi mente se adelantaba al dolor de una compresión en la espalda, esa sensación de pérdida de fuerza y calambre a la vez. He convivido con ellas desde hace más de un año y cada vez me siento mejor pero suele volver cuando no estiro, cuando no hago abdominales suficientes, cuando no me relajo o cuando se le da la gana, no sé bien. Trabajo y pongo optimismo para superar esto, pero a veces puede más que mi voluntad, me automotivo y también de vez en cuando decaigo y acuso a la moral del dolor aunque sé que no puede ser. Con el paso del tiempo el reflejo se va extinguiendo, empieza a ser solo eso y me rio de mi mismo cuando me detengo antes de saltar por miedo a ese dolor, porque el salto sale bien después de hacerlo recurriendo a una esfuerzo consciente, solo que cuando ocurre de verdad se refresca y dura un tiempito. Nada es para siempre y esto en un tiempo será una anécdota más, estoy seguro de eso.
Una tarde charlamos la idea del regreso y nos propusimos hacerlo por rutas provinciales de tierra que unen Piedra Parada con Neuquén pasando por Ingeniero Jacobacci. Ya lo habíamos contemplado antes de salir, pero lo desestimamos en ese momento. Llamamos a casa para avisar nuestros planes y verificamos algunas cosas como carga importante de agua, la camioneta, el teléfono satelital y un termo con agua para el mate. Antes de salir, dejamos en las carpas de nuestros amigos algunas cosas para comer, un calentador que nos habían pedido prestado, unos envases de cerveza y salimos.
Cerramos la tranquera del camping y a los pocos metros a través del puente nos cambiamos de costa pasando de norte a sur del rio. La ruta frente a nosotros, completamente a nuestra disposición marchábamos siguiendo por el sur el curso del rio Chubut. Al costado, las instalaciones de las estancias, las arboledas y el ganado como han estado allí por años, no tantos, porque a los occidentales les costó mucho poblar estos lugares. Lo inhóspito del clima, las distancias, las dificultades con los pobladores originarios con quienes no siempre hubo entendimiento, a veces hubo guerra y muchos maltratos propios de una época dura en la que las cosas se resolvían de otra manera. Todas las cosas eran diferentes, por eso, merecen ser honrados unos y otros ya que lo que somos hoy es el resultado de ese encuentro que los modificó a todos. He la identidad de Patagonia, los ecos de ese encuentro perduran en nuestra cultura de hoy con matices, algunas contradicciones y con un gran futuro por delante, porque ese futuro depende de cada uno de nosotros por sobre todas las cosas. Seguíamos exclamando "mirá allá", "esas rocas", "ese cañadón", los choiques y al fin llegamos a Paso del Sapo una localidad pequeña pero bien equipada, buenas casas y sobre todo gasoil; llenamos, saludamos y pasamos el puente sobre el rio Chubut hacia el norte. Cruzamos el segundo vehículo, una vieja F100 y se vinieron de inmediato a mi memoria los ojos bien azules de mi tío Víctor Prieto, él con su señora, Gloria Rodríguez, recorrieron de punta a punta la Patagonia muchas veces hace más de cinco décadas atrás en una de esas camionetas o en un Mercedes Benz muy paquete. Algo que muchos consideraban una odisea, para ellos fue una manera de vivir la vida, a pleno, como debe ser, sin dejar para después lo que vibra en tu interior. Siempre que voy por estos caminos los evoco, lamento un poco que ya no estén para contarles y me conforma que se los estoy contando a ustedes. El camino, es el destino mismo de quien ama el viaje, y cada kilometro nos ofrecía su encanto, derramando no solo color y formas,sino proyectando ilusiones y recuerdos.

 























 Paramos muchas veces a tomar alguna foto, a oler el campo, a nada, a mirar un coche abandonado al lado de la ruta. Cerca de medio día nos acercábamos a Jacobacci y la traza de las vías del tren nos dio la bienvenida. Estábamos escuchando la radio hacía rato, nos habíamos separado de los datos por diez días, nada nuevo, mejor la conversación, con mi señora conversamos muchísimo, la música y el sonido de las ruedas contra la piedra cortante del camino. Dimos una vuelta por el pueblo mirando los galpones, la estación y las casas de durmientes de los empleados del ferrocarril, pensando cuantas historias habrá detrás de esos muros. Cargamos combustible, buscamos donde comer y en la parrilla de Javier Ñancucheo nos sentamos frete a una botella de vino y una tele con programa de 4x4. Que mejor? una milanesa con huevos fritos y papas fritas, si, pero lo mejor fue la charla con Javier y su amigo Nir Weinberg. Nos contamos muchas cosas del camino, de las camionetas, del Dakar, de las motos con otro señor que estuvo un ratito. La hospitalidad no me sorprende pero me gusta mucho, Javier nos dibujó un mapa y se sorprendió que viajemos sin GPS. La verdad no los usamos para nada, yo pienso que mitigan el sentido aventurero porque ofrecen muchas certezas y así el recorrido se pone aburrido, desaparece la posibilidad de perderse y eso no es bueno para las emociones y para mantenerse atento a todo, lo que hace más atrapante el traslado.
Dos horas de charlas, dejamos atrás la localidad con sus trenes y grandes galpones y con el norte en el capo de la camioneta buscamos los nombres que estaban en el mapa: Colan Conhue, Aguada Guzmán y el Maruchito, este último un punto destacado del camino donde todo buen paisano se detiene para dejar una flor, una tonada y/o una oración por este joven santo de la estepa que cumple milagros y ocupa el corazón de los habitantes de esta alucinante región. Hacía mucho calor, miramos las flores, las carretas y en una bici que esta colgada de un poste dejamos una calco de www.chupakabra.bike y al llegar publicamos la foto vinculada a una interesante nota sobre este personaje que vale la pena leer. Estando allí pasó un motociclista y salimos de la alambrada que rodea el lugar rumbo a Cerro Policía. La planicie que se eleva como un contrafuerte por el sur del paraje nos sorprendió, la verdad que es que es mucho más corto el camino por este lado, miramos y miramos desconfiados y luego la silueta del cerro que le da nombre al lugar confirmó que estábamos muy cerca. LU5 en la radio de la camioneta, escuchando a los colegas de los programas de la tarde, como en los viejos tiempos, distancia, radio AM, soledad, Patagonia en su más pura expresión.
Pasamos por Cerro Policía mirando las casas que conocemos, el camino muy roto y cuando llegamos a las líneas de alta tensión donde está el Ceferino y el desvío para Chocón y Arroyito nos detuvimos. Debo aclarar que allí ya estábamos en terreno muy conocido, el Chupa Kabra Bike, Doble Agonía, Malón Bike y otras locuras nos han hecho conocer el lugar y a sus habitantes de muy de cerca, hemos recibido su hospitalidad y apoyo en incontables ocasiones, Salas, Martínez, Quiroga, Tripailao, Lauquen, Carú y otros puesteros están allí donde mucha gente cree que no vive nadie.
Parados bajo los cables decidimos que hacer, por donde ir, y la decisión se debió a mi porfía de completar el recorrido por tierra, bajamos hacia la zona del Anfiteatro por el camino desecho. Cañadones han ocupado su lugar, la lluvia ha lavado la traza y en muchos lugares los arenales exigen usar la 4x4. Laura tomó el volante porque le gustan estos caminos, son su especialidad, yo al lado tomando fotos y pensando en un reclamo a vialidad. A mi no me afectan, es cierto, hasta me gustan mas así, pero aquellos que lo deben hacer por obligación seguro que si están afectados y merecerían una pasadita de la Champion aunque sea una vez al año.
Los edificios de la ciudad y unas construcciones muy grandes y blancas sobre la meseta indican la cercanía a Neuquén Capital. El camino no daba tregua, malísimo, hasta que un momento llegamos a la curva esperada que nos lleva hasta ver los techos del paraje Las Perlas, a lo lejos las casas y el puente que reemplaza a esa balsa tan linda que se llevó la imparable crecida del progreso. Como la disfrutamos y como la insultamos cuando nos dejó del lado equivocado, tiempos con mas épica y menos confort, imborrables memorias.
Ingresamos a la urbanización habiendo cruzado solo nueve vehículos grandes y una moto, todo un regalo. Nos llamó Javier de Jacobacci para saber como habíamos llegado, eso, y los saludos a los coches en la ruta, esa costumbre que ya no podemos practicar el las rutas superpobladas porque sería peligroso, justifican mil veces haber elegido andar por el centro de la Patagonia.
La multitrocha caliente superficie de asfalto de cuatro vías de autos, es el último tramo hasta llegar a casa, a empezar otra vez un nuevo plan de escape.