martes, 18 de noviembre de 2014

ACONCAGUA EXPEDICION AGS

Empezamos en abril de 2014 con algunas ideas expedicionarias, pedaleando por la estepa lo charlamos con Hernán Carracedo y de a poco fue tomado consistencia la idea de convocar a montañeros de la Asociación para celebrar los 20 años de Agreste Sur con un ascenso al Aconcagua. 

No fue fácil para ninguno completar el proceso que nos llevó desde un sueño hasta estar sentado en el colectivo que contratamos para hacer el viaje de Neuquén a Penitentes. Una expedición no guiada incluye un compromiso importante y es un gran desafío preveer como serán las relaciones, roles y acciones bajo una organización con bastante horizontalidad.

Salimos el 26 de diciembre a la tarde desde el Club Alta Barda, muchos nos fueron a despedir y el viaje de egresados comenzó.

En la ciudad de Mendoza completamos los trámites de obtención de los permisos de ingreso al Parque Provincial Aconcagua y nos reunimos con Mauricio Montañés y Gaspar Gonzales que viajaron desde Uruguay, también Juan Carlos Pérez y en el centro nos encontramos con Daniel López un viejo amigo montañero con quien compartimos un desayuno. Tramites, compras, almuerzo salvaje ne un tenedor libre y a la siesta envueltos en el abrasante calor de la tierra del vino salimos para la montaña.

En Penitentes nos recibieron nuestros amigos de Lanko Alta Montaña. Un equipo de gente bien organizada que además de soporte nos brindó su hospitalidad, cenamos y rápidamente con una sobremesa entretenida nos fuimos por una cama confortable. El sol del 28 de diciembre nos vio trabajar como hormigas acomodando las cargas para las mulas en lo cual Laura se encargó de verificar sus pesos y además de orientar a algunos que preguntaban por las cosas que hacían falta para la aproximación. Antes del medio día nos llevaron a la entrada del Parque Provincial Aconcagua que está donde el río Vacas se junta con la ruta Nº7. Nos registraron los guarda parques instalados en un refugio y comenzamos una caminata con algo de peso en las mochilas porque la aproximación la realizaríamos en completa autonomía, es decir sin usar el equipamiento que viajaba a lomo de mulas. Dejamos atrás Punta de Vacas, siguiendo el curso del río homónimo hasta llegar a Plaza Argentina, el campamento base que se encuentra al este del Aconcagua y a 4200 metros sobre el nivel del mar, llegamos cansado e iluisonados luego de dos noches de vivac, una en Pampa de Leñas y otra en Casa de Piedra. 

Mientras aclimatábamos y celebrábamos la llegada del nuevo año tres de nuestros expedicionarios tuvieron que ser evacuados por no alcanzar los parámetros mínimos de aclimatación, Franco Toscani, Francisco Vilanova y Gustavo Cañón, abandonaron en helicóptero el campo base y se fueron a Penitentes a esperarnos. La ausencia de tres nos puso frente a cambios imprevistos, ya que debimos modificar varias veces la conformación de los grupos, y volver a estimar la comida y equipo necesario para el intento. El 3 de enero nos trasladamos al campamento Uno ubicado a 4900 m.s.n.m. allí pasamos varios días debido a los fuertes vientos que hacían peligrar las carpas y debimos hacer un reabastecimiento de comida bajando un equipo de cuatro a buscar suministros a Plaza Argentina, una vez que mejoró el clima desde allí ascendimos en dos viajes al campamento Dos a 5950 m.s.n.m. nos instalamos en ese lugar bastante inhóspito, el frío y el viento que allí reinan lo convierten en poco amigable por lo que casi ya no va gente, las empresas de guiado, que representan más del 90 por ciento de las personas que visitan esa montaña, han creado una ruta alternativa más accesible para sus clientes. 

Estando allí una mañana con Laura nos fuimos a visitar un pequeño monumento que dejamos hace años Miguel Knopp y yo en memoria de nuestros cuatro amigos que perdieron la vida sobre el glaciar en enero de 2000 como consecuencia de una caída de más de 600 metros en la ruta Directa de Polacos, cuatro mosquetones soldados a los que atamos cintas forman parte del recuerdo que nos une a ellos. No quisimos decirle nada a los demás, es un asunto intimo, aunque todos lo sabían fueron muy gentiles y respetuosos con nuestros recuerdos. 

Estando en ese campamento también nos tocó ayudar a un guía que se había equivocado de camino a la altura del refugio Independencia y llegó con dos clientes a media mañana, tuvimos que convencerlos para que se fueran al campamento Cólera donde estaban sus cosas por más que los clientes insistían en que se contrataran porteadores que les llevasen su equipo hasta ese lugar, se fueron y cerca de la seis de la tarde arribó otro extraviado, esta vez un español con amigos en común conmigo, como era tarde y estaba de verdad agotado lo invitamos a pasar la noche y para ello le prestamos una bolsa de dormir le hicimos lugar en una carpa y le convidamos comida. Los guarda parques al tanto de todo esto nos felicitaron y bromeamos bastante con la “promo Campo Dos”, para nosotros no fue esfuerzo alguno, entendemos la montaña de una forma tradicional y nos sentimos parte de una gran familia. 

El domingo 11 a las 5 hs. Am iniciamos un primer intento a la cumbre, salimos lentamente y pasadas tres horas se presentaron más inconvenientes lo que precipitó la decisión de abortar el intento y dejarlo para otro día. El 12 repetimos el procedimiento. A las 3:30 Am se encendieron las linternas para preparar un desayuno, las dificultades de esas tareas están motivadas por el frio extremo reinante, casi todo congelado y la pereza propia de un madrugón repetido nos hacía pensarlo varias veces antes de salir de las carpas. Salimos a las 5:30 horas el camino parecía muy simple y cuando salió el sol disfrutamos la radiación. Ganamos altura hasta alcanzar los restos del refugio Independencia que se encuentran a 6400 m.s.n.m. allí nos reunimos, tomamos algo caliente que llevábamos en los termos y luego de unas fotos continuamos hasta el Peñón Martínez, una piedra emblemática a partir de la cual se extiende un sendero llamado el portezuelo del viento. La marcha a esas alturas es lenta, solo pueden ir rápido aquellos que ya se han aclimatado y además son muy fuertes, paso a paso llegamos al punto donde comienza la canaleta una sección más inclinada que es prácticamente el camino final a la cumbre, allí bajo una gran roca muchas personas haciamos un descanso, nos sentamos y contemplamos como las nubes se enroscaban contra las rocas y comenzaba a precipitar una fina nevada. En ese momento nuestra columna de 22 integrantes empezaba a sufrir los efectos de una caída severa de la temperatura y las nubes que una hora antes parecían una caricia se convirtieron en cachetadas cada vez que arreciaba el viento. A la cabeza de la columna se encontraban Laura Poljak, Juan Calos Pérez y Hernán Carracedo, todos con experiencia y capacidad para determinar el curso de las acciones. A las 16 horas se cumplió nuestro horario límite según lo planificado y dadas las circunstancias climáticas no podíamos especular con el tiempo, un descenso en esas condiciones, con el piso congelado, el personal muy cansado y de noche puede ser una triste pesadilla. Yo me encontraba en el último lugar de esa fila sin poder ver a los primeros ya que las nubes solo permitían ver unos 10 metros y cada tanto un poco más según el viento y la densidad de la precipitación. Me hicieron señas que atienda la radio y escuché a Laura y Jorge diciéndome que comenzábamos a bajar, se acercó Hernán Pampa Carracedo y me confirmó que habíamos alcanzado la cota de 6850 m.s.n.m. solo 110 metros de la cumbre, 110 metros que en esas condiciones demandarían entre una hora y media a dos de ascenso y descenso. Laura me informó que Juan Carlos Pérez había continuado el ascenso y que nos alcanzaría en la bajada, esto era seguro ya que él es un Comando Anfibio de la Armada Argentina, y está muy bien preparado. El descenso, entre nubes y fuerte viento, resultó muy agotador y antes de llegar a los restos del refugio Independencia estuvimos todos reunidos cuando Juan Carlos nos alcanzó entre la nevada. Continuamos el descenso con varias dificultades aunque sin ningún problema mayor, al llegar a al campamento enfrentamos un desolador paisaje de viento, nieve y carpas dobladas por la ventisca, allí Ariel Pérez Ibargoyen, Mirta Suarez y Selva Alexeichuk nos esperaban con una taza de té caliente que en esas condiciones era como todo un restaurante para nosotros, la mayoría nos tiramos a descansar sin beber porque todo estaba congelado y el cansancio era lo más importante y se imponía la necesidad de meterse en las bolsas de dormir y recuperar algo de calor corporal.

El día 13, antes de comenzar el descenso nos reunimos los 25 y sostuvimos una sincera charla, primero celebramos la cumbre alcanzada por Juan Carlos y después manifestamos nuestra frustración por no haber podido alcanzar la cumbre y también se destacaron los puntos fuertes de este grupo excepcional, fue una muestra abierta y sincera de sentimientos y anhelos que se cerró con un vamos !!!

La integridad de las relaciones humanas en ese tipo de circunstancias puede ser muy endeble, el no haber concretado el objetivo es decepcionante, aunque yo confiaba plenamente en la capacidad de cada participante, habían sido seleccionados de una extensa lista y uno de los requisitos fue su desarrollo personal en cuanto a la formación de equipos, al compromiso y cierta proximidad con los objetivos y ética de la Asociación. El Curso Integral de Expedición incorpora un segmento muy importante de desarrollo personal expedicionario, confiamos en esa formación y las características personales de cada uno y no nos equivocamos, estábamos superando una derrota sin las comunes especulaciones de búsqueda de culpables externos a nuestras propias limitaciones y a las condiciones objetivas de intentar algo importante. 

En una larga columna salimos muy cargados y lentamente, como sin querer irnos, con rumbo a un lugar conocido como Plaza Cólera ubicado casi a la misma altura que el Campo Dos pero mucho más al Oeste, desde donde partíamos, pensábamos que necesitaríamos tres o cuatro horas hasta ese lugar y luego cuatro más desde allí para bajar hasta plaza de Mulas el campamento base del oeste del cerro a 4300 metros y el más concurrido. Tomamos ese camino porque además de subir nuestro plan era dar la vuelta completa al Aconcagua.

Mientras caminábamos en esa inmensidad, dentro de mí no se agitaba sino hervía la necesidad de hacer algo, estaba de verdad molesto con el resultado deportivo de la expedición, aunque ya lo habíamos hablado en muchas charlas con los miembros de la expedición, en el periodo preparatorio, y convenimos en la importancia de la experiencia, del valor del aprendizaje y no podía olvidarme que varias veces había dicho, incluso en el programa de radio Zona de Aventura, que si íbamos a ir al Aconcagua, si estábamos dispuestos a hacer ese esfuerzo era porque lo íbamos a subir hasta la cumbre, me angustiaban mis palabras y pienso que es cierto el valor del camino, aunque es válido siempre y cuando se haya hecho el máximo esfuerzo. Tenía que caminar, así que paso a paso fui pergeñando la idea de hacer un cambio de planes. Alcancé a Laura que además es mi señora y se los conté: Que te parece si pasamos esta noche en Cólera y mañana hacemos un pegue a todo o nada desde allí? la respuesta fue: me parece buena idea pero no cuentes conmigo para subir. Era cierto, siendo muy fuerte y dedicada, ella escala muy bien, anda en bici y además es miembro del equipo argentino de paracaidismo de 4-way, yo sabía que no daba más, el trabajo intenso de los días previos había producido un desgaste visible en todos los miembros de la expe, muchos kilos de menos y algunas caras bastante demacradas y ella no era la excepción. Seguí caminando y pensando, me conformaba la idea que yo ya había estado muchas veces en la cumbre y que esta vez lo enfrentaba en mis peores condiciones físicas, una fuerte caída el 30 de noviembre me había dejado al borde de tener que abandonar la expedición, sin Selva Alexenchuk que además de expedicionaria es kinesióloga, el Diclofenac, los cuidados de Laura que en todo momento se ocupó e hizo muchas cosas por mí y la paciencia a apoyo de todos mis camaradas no hubiese podido llegar, sufrí cada día, hasta me costaba entrar en la carpa, todo eso me sonaba como una buena justificación, pero los demás? La carga de anhelos de los camaradas, la gran mayoría grandes amigos, que quedaba para ellos?, me parecía que merecíamos una oportunidad más. Seguí con las maquinas a full, no podía detener mis pensamientos. Más adelante después de pasar por encima de algo parecido a una persona muerta tapada con una especie de manta, me encontré entre unas piedras amarillentas que se parecen a la luna con Hernán Carracedo, le dije y me respondió: "me entusiasma". Suficiente, los últimos metros son una subida horrible, el paisaje es bello pero la trepada no, mucho menos con el excesivo peso que cargábamos, teníamos todo el campamento en nuestras mochilas, más la comida que había sobrado y la materia fecal que hay que bajar del cerro y la cual cuidábamos en cada bajada de mochila o caída. Subimos como peregrinos tibetanos la ultima cuesta de unos 50 metros de desnivel y al llegar a la zona de acampe me apuré a llamar por radio a los guarda parques para solicitar un pronóstico de tiempo, la respuesta fue un estimulante “mañana será el mejor día de la semana” en ese paramo reseco y erosionado por los vientos nos reunimos todos y hablé para contarles la idea: dormir allí y salir a las 5 Am y sin parar darle hasta la cumbre, volver, recoger el campamento y bajar hasta Plaza de Mulas en la misma jornada, expresiones de asombro, de entusiasmo y hasta de miedo se reflejaron en los rostros, a nadie le insistimos ya que es una decisión muy personal y debía ocurrir rapidísimo. Doce nos comprometimos en el intento, tres se quedarían en el campamento hasta pasado el mediodía y diez bajarían esa misma tarde, los que decidieron bajar acordaron un plan para volvernos a encontrar en Penitentes y coordinados por Juan Carlos Pérez y Ariel Pérez Ibargoyen: Marcela González, Sandra Rodríguez, Viky Luc, Lucas Espinoza, Leonardo Tejada, Gaspar, Mauricio y Gustavo Fernández iniciaron el descenso con el sol poniéndose en el lejano Pacifico, mientras los que nos quedábamos reacomodamos las carpas y muy apretados apurábamos los calentadores para fundir nieve y poder contar con agua para la cena, el desayuno y para la marcha hacia la cumbre del jueves 15 de enero, cené con Laura, Selva y Mirta Suarez y me trasladé a otra carpa para dormir unas horas .

3:30 am, me desperté y comencé el día saliendo a orinar como casi siempre, después me acomodé para preparar un desayuno, tristísimo: mate de coca sin azúcar y unas galletitas, era lo que había. A las 5 ya estábamos todos afuera, había entusiasmo pero no energía, todo seguía en “carama lenta” cargamos los equipos de video, entre ellos un trípode Manfroto con cabezal de televisión, una mirda hacia arriba, un trago de saliba y a caminar en piloto automático, el cansancio y el dolor de espalda me hicieron pensar varias veces que no llegaría, la expedición más dolorosa de mi historia. A todos nos estaba costando, pusimos a prueba el METODO PRIMATES nuestro programa de entrenamiento expedicionario que incluye variados estímulos entre los que se encuentran sesiones funcionales outdor, trote, extensas travesías en bici, extenuantes jornadas de trekking o combinadas, de dia, de noche con mal tiempo con calor .... porque apunta al desarrollo integral del atleta de montaña, resistencia, fuerza y tenacidad y la verdad es que funcionó. En esos momentos hacía mucho frío, traspasaba la ropa sobre todo porque estábamos débiles, cansados y mal dormidos. Nos reunimos otra vez en Independencia, no podía superar el temblor hasta que llegó Hernán con un termo con café y azúcar, el mate de coca era intragable, dos tacos de café me cargaron de ánimo, algo pasó que de repente estaba otra vez en carrera, Hernán nos confirmó que Guada su compañera había desistido, no pudo superar el frío. La ruta estaba en sombras, más frío aun, seguimos los once. Paramos en las rocas antes de la canaleta donde además daban los rayos del sol y casi todos se sacaron las botas para tratar de calentarse los pies, cuando se dieron por vencidos seguimos con los pies helados, estábamos de verdad agotados pero la aclimatación extra compensaba un poco.

A las 12:15 vi a mis espaldas la pala Messner, supe que ya estábamos, el clima no podía estar mejor. Me detuve metros entes de la cumbre y con una de las cámaras grabé el acceso de Hernán y Leandro Casamayor a lo más alto de América, después subí yo, nos abrazamos y esperamos a que fueran llegando los demás, Juan Ignacio Toscani (18), Leandro Maureira (18), Sebastián Ortelli, Víctor Collinao, Luciano Sandoval, Leandro Sánchez, Jorge Poblete y Nicolás Quinteros, de a poco nos reunimos, nos tomamos muchas fotos, recuperamos el testimonio dejado por Perico y brindamos con un espumante patagónico excelente, una botella de Deseado que compartimos con unos noruegos. Descansamos un ratito al sol de la cumbre algo que pocas veces se puede hacer, nos comunicamos con Laura por VHF, el satelital ya no funcionaba lamentablemente, en Neuquén Cecilia Aldalla coordinaba la información de la expedición y se vio en apuros las últimas 72 horas, hizo un excelente trabajo junto al equipo de LU5 AM600 y LM Neuquén que dieron amplia cobertura a la expedición.

A las 15 horas estábamos bajando, algunos muy cansados, nos reagrupamos en la piedra bajo la canaleta y las nubes una vez más jugaban entre las rocas, pero de bajada es mucho menos estresante, bastante gente aun subía, tuvimos un par de cruces poco amistosos que solo fueron eso, retomamos la bajada a la mayor velocidad que cada uno pudiera, me quedé con los últimos y los más fuertes se fueron con la consigna de llegar al campamento Cólera y comenzar a desarmar cuanto antes las carpas, nos aguardaba una bajada muy importante. En Cólera, juntamos todo, bebimos el agua gracias a las señoras que habían trabajado unas cuantas horas derritiendo hielo. Las mochilas eran el condimento ideal para un calvario, salimos muy cargados para Plaza de Mulas allí nos esperaban Laura Poljak, Selva, Guada Rodríguez, Mirta y los de Lanko Altas Montañas con pizza y cerveza.

Llegamos muy tarde, completamente de noche entre las 23 y las 2 de la mañana. Igual disfrutamos unas pizzas con cerveza, excelentes, en Aconcagua no impera la Ley seca AGS. Dormimos en los domos comedores. Al despertarnos juntamos nuestro equipo de debajo de la escarcha, a pesar del frio desayunamos muy contentos, hablamos por teléfono a Neuquén e informamos la novedad. Entregamos la basura y la materia fecal que hay que bajar del cerro y continuamos caminando. La bajada fue tediosa, aunque el paisaje anima los pensamientos, a mi particularmente me lleva por los caminos del tiempo, de las veces que he pasado e incluso acordándome de mis pensamientos viejos. Saltando arroyos de aguas rojas llegamos a Confluencia, un descanso y salimos para la última etapa de marcha hasta Horcones, llegamos cuando la tarde ya caía y el sol solo alumbraba a los cerros más altos, entre ellos a la pared sur del Aconcagua. Entregamos los permisos a los guarda parques y desde allí nos llevaron en camioneta hasta la base de Lanko en Penitentes, algunos bañados otros no, con asado excelente y ánimos por las nubes, completamos un cierre emotivo, que tuvo pedida de matrimonio y todo por parte de Hernán a Guada lo que nos hizo poner más contentos a todos, un bonus que ayudaría a hacer inolvidable esta expedición. Entregamos unos emblemas a cada participante y brindamos muchas veces. Muy tarde, cuando empezaba a vislumbrarse la claridad arriba del cerro Penitentes nos fuimos a acostar. La fiesta terminó. Sin querer volver y queriendo, nos subimos al colectivo y aquí estamos. Ya pasaron tres meses y el programa de expediciones continua, más gente, nuevos deportistas se suman al curso de expedición y al entrenamiento PRIMATE, la historia sigue, se van creando nuevos sueños y las montañas están esperándonos. 

Toni Rodriguez

Treinta neuquinos van por la cumbre del Aconcagua 
Diario LM Neuquén