viernes, 27 de marzo de 2009

RESCATE ACONCAGUA ITALIANOS


Hace un tiempo relativamente largo, enero de 2010, presenciamos un video escalofriante que prácticamente mostraba la muerte de una persona, como es lógico de inmediato se ha producido un tsunami mediático.

Me tomé el atrevimiento de escribir sobre ese tema, debido a que durante la primera quincena de enero de ese año participé de una expedición en Aconcagua y por ello estuve muy próximo de esos acontecimientos y conozco bastante bien la montaña y el medio ambiente humano que la visita. Al bajar me tomé el trabajo de entrevistar a muchas personas que participaron del rescate, fue en esas charlas que me enteré de una versión que aseguraba que a Federico Campanini lo habían dejado aun con vida, cosa que no me extrañó demasiado, ya que es algo triste y desagradable que ha ocurrido antes en ese mismo cerro, también en otros y seguirá pasando. Una vez en Neuquén, retomadas mis actividades como conductor de radio en LU5 AM600, me dediqué meticulosamente a leer artículo tras artículo, buscando las palabras de los sobrevivientes y creí muy oportuno verificar sus declaraciones en algunos medios de Italia, el más accesible y abundante en novedades fue La Stampa de Torino.

Me sorprendió un poco ver el video con las últimas imágenes de Federico Campanini (31), y ante este dramático espectáculo, casi todos sentimos que algo debíamos decir, asumo que lo más prudente en esos casos es informarse antes de hablar o escribir.

Lo que se desprenden son ideas e intrigas que aún quedan en la atmósfera que rodea al accidente de los italianos como lo llamamos, hecho con tanta repercusión.

Todo había empezado meses antes en Bragno, Italia, lugar de origen de los turistas, desde allí a través de las páginas de la Stampa el señor Marcelo Cominetti (47) un Guía de Montaña Alpino, responsable de la oficina de Star Mountain, una agencia de viajes de aventura, que se encuentra en la calle Gallesio de la ciudad de Riviera en Ligure, Italia, al ser entrevistado, el pasado 10 de enero dijo: que al grupo, refiriéndose a Refrigeratto, Afasio, Atanasio, Senin y Targa los conocía hacía años, les había vendido varios viajes anteriormente a otras montañas incluyendo un viaje a los Himalayas, por lo que, más que clientes ya eran amigos. Que ellos contrataron un paquete independiente, lo que quiere decir que solo les proporcionaron el viaje, los pernoctes y que contrataron un guía acreditado y seguramente experto en el Aconcagua y que: El supo que sumarian a un guía conocido y de confianza de origen argentino, Fedrico Campanini.

En Aconcagua la empresa chilena Azimut 360 que presta servicios logísticos y de guiado se encargó de la logística en el Parque y les proporciono un guía de su staff, el señor Rolando Abaca.

El acto final de esta historia comenzó a desencadenarse anónimamente el día martes 6 de enero, cuando el grupo integrado por los cinco turistas italianos, el guía oficial Rolando Abaca y Federico Campanini, titulado de la Escuela Provincial de Guías de Alta Montaña de Mendoza, pero que ingresó como turista, a quienes habían contratado para que los condujeran en un ascenso por la ruta normal del Aconcagua, salen, a primera hora, desde el campamento llamado Berlín o Gral. Plantamura (5900). A poco de iniciado el ascenso Antonella Targa (50) abandonó el intento por no poder mantener el ritmo de marcha, descendió acompañada por el guía oficial de la expedición, el que proveyó la empresa Azimut 360. Continuaron Matteo Refrigeratto (35), Mirko Afasio (39), Marina Atanasio (38) y Elena Senin (38) siguiendo a su guía de confianza, Campanini. Alcanzaron la cumbre (6970 m.s.n.m.) ese día pasadas las 16 horas.

La situación en la que ocurrió el extravío, esa tormentosa tarde, origen de los males conocidos, abre algunos interrogantes, en principio faltan a la verdad cuando dicen que la tormenta los sorprendió, ya que había comenzado mucho antes de las 16 horas. Resulta extraño que Federico Campanini, quien era un guía competente, habilitado por el Parque en otras ocasiones para ejercer ese trabajo y conocedor del cerro, se haya perdido en un lugar tan obvio como es la cumbre del Aconcagua, aun en medio de una tormenta. Se sabe que estaban muy cansados porque habían abandonado las mochilas mucho antes de la cumbre. Cabe preguntar: si como guía del grupo, fue él quien tomó las decisiones, evaluó las condiciones meteorológicas y eligió el camino, o no?.

De los dichos de los sobrevivientes puede deducirse que no. Refrigeratto dice en una nota a La Stampa, que “Campanini subió con mucho sacrificio y que al llegar a la cumbre tuvo convulsiones”, cosa que desde luego tiene una componente neurológica importante, posiblemente ligada al M.A.M. con edema cerebral. Las comunicaciones que Campanini mantuvo con los guardaparques, dejaban traslucir su lamentable estado, ya al comienzo de estos acontecimientos, él les aseguró ver el sol desde un lugar sombreado y escuchar el sonido del helicóptero mucho antes que este despegase, alucinaciones propias de un edema cerebral severo.

En medio de la tormenta y sin la asistencia del guía, porque de haberla tenido, como afirma Refrigeratto, a los medios mendocinos, lo lógico hubiese sido que organizara el descenso por el lugar que corresponde que es muy obvio, más aun para un experto como era él. Sin conducción el grupo se desplazó a la deriva, exactamente en la dirección contraria. De lo sucedido en esos momentos se desprende otra controversia de las declaraciones de los sobrevivientes, respecto de la forma y circunstancias en las que perdió la vida Elena Senin: Refrigeratto sostiene que se puso hipotérmica y que también sufría de edema y que estos males terminaron con su vida, que él personalmente le dio cachetadas y que junto con Campanini, quien también era paramédico, constataron su deceso y continuaron deambulando en busca del camino. Mirko Afasio dice algo distinto: que caminando a la deriva en medio de la tormenta, encontrándose Elena Senin en estado de agotamiento resbaló no pudiendo frenarse y la perdieron de vista casi de inmediato, sin saber más de Ella, hay que tener en cuenta al analizar estos dichos, que el cuerpo se encuentra en un lugar inaccesible, y difícilmente un cadáver se hubiese desplazado en una zona con nieve profunda como estaba ese día la montaña.

Al caer la tarde del 6, con las carpas semi cubiertas de nieve, Yo estaba con mis compañeros de grupo en el Campo Uno del acceso al glaciar de los Polacos, escuchamos que pedían asistencia vía radial (VHF), sin saber quien hablaba y repetía la frase “no conozco la montaña”, seguramente se trataba de Refrigeratto a quien luego identificamos.

El miércoles 7 a primera hora volaba, a gran altitud, por encima del los 7000 metros, el helicóptero que está al servicio del Parque Provincial Aconcagua, con el objetivo de localizarlos y dar precisiones acerca de su ubicación, la búsqueda fue exitosa, desde la aeronave comunicaron que localizaron al grupo y que vieron movimientos que aseguraban su sobrevivencia a una noche extremadamente inhóspita. Los grupos de rescate salieron desde varios campamentos pero no pudieron ascender durante esa jornada, solo llegaron al campamento Berlín por las malas condiciones de clima y nieve profunda en las laderas. Por la tarde del miércoles les avisaron por el medio mencionado (VHF) la imposibilidad de asistirlos, por lo que desde la estación de Guardaparques y desde la Patrulla de Rescate de la Policía de Mendoza, con asiento en un destacamento ubicado en Plaza de Mulas se le sugirió a Matteo Refrigeratto quien manejaba las comunicaciones de los extraviados, que se enterrasen en la nieve para evitar los efectos refrigerantes del viento (convección térmica) a esa hora ya sabíamos que una mujer, miembro del grupo, había perdido la vida, que el guía no podía hablar y que estaban por encima del Glaciar de los Polacos en un lugar de muy difícil acceso.

Para el medio día del 8 la tormenta recobró fuerza, el viento y la nieve impedían la visibilidad, aun a menor altitud donde me encontraba junto a los miembros de mi grupo, a unos 5500 m.s.n.m.

En condiciones muy adversas, se organizó un desplazamiento, tal vez nunca visto antes en Aconcagua, un operativo masivo, se dispuso a discreción el uso del helicóptero con los riesgos para el piloto y la aeronave, no solo estaban los rescatistas, sino un gran despliegue logístico de asistencia para aprovisionar, armar campamentos, dar energía y fundir nieve para conseguir agua, en ese lugar no hay arroyos ni nada parecido, ayudando así a los que ascendían en medio de una tormenta.

Las personas que se ven en el video, son solo una sección del grupo de patrullas y “voluntarios” que ascendieron más de mil metros de desnivel en medio de una tormenta, sin más motivación que la solidaridad y el apego a la ética montañera. Alcanzaron la cumbre y descendieron por la vertiente Este, la que deriva hacia el Glaciar de los Polacos, unos cuatrocientos metros. Una vez allí comenzó el rescate propiamente dicho al contactar con las primeras víctimas; Refrigeratto, Afasio y Atanasio, ellos se habían desplazado por sus propios medios en dirección a la cumbre, mientras que Campanini, imposibilitado motrizmente estaba aun en un lugar de menor altitud y a mayor distancia de la cumbre. Los tres italianos fueron trasladados con muchas dificultades, tanto que ninguno de los tres alcanzó la base del cerro esa noche, debiendo pernoctar en los campamentos a gran altitud, que el grupo de logística había preparado y abastecido con agua y alimentos durante el día.

Los que muestra el video, son los que llegaron hasta el accidentado que estaba más distante de la cumbre, Federico Campanini. La evacuación debía pasar por la cumbre, debido a que el descenso por el glaciar es una tarea de una complejidad que la patrulla con buen juicio, evaluó como muy peligroso y demandante.

Llegar al donde estaba el ultimo extraviado insume un tremendo desgaste físico, por eso se los ve con mochilas pequeñas y los elementos mínimos, ya que debieron ascender muy rápido, pisando durante horas la nieve recién caída, bajo la presión de la tormenta. Es impensable realizar un ascenso rápido porteando equipo pesado, en una situación en la que el factor tiempo era apremiante, tanto como las condiciones climáticas, jugando en contra de unos y otros. Hay que tener en cuenta que una camilla muy liviana pesa alrededor de 10 Kg. ese peso que parece insignificante a la altura del mar, resulta un impedimento de importancia en esas condiciones particulares. Además hay que considerar que el horario para descender está condicionado por la luz diurna, pudiéndose hacer de noche pero con un nivel dew riesgo muy alto.

Quienes estaban allí tratando de motivar a gritos e insultos, a un hombre desecho por el frío y el mal de altura, que no podía incorporarse ni siquiera halar con coherencia, exponiendo la salud y la vida. Ahora son juzgados por un público cuyo único sustento es el sentimentalismo, personas que probablemente nunca pasaron ni siquiera una hora bajo una tormenta de verdad.

Lo que se ve, es una muestra clara, cruel y evidente de la peligrosidad del montañismo, aun en rutas accesibles como es la Normal o la Travesía de Polacos del Aconcagua; que al enfrentar clima adverso, uno o dos errores pueden convertir un paseo en busca del trofeo que nos regala la altura en un infierno del que es difícil escapar.

* Antes de llegar a la cumbre, se transita un camino tortuoso, empinado y muy frío en las condiciones de ese 6 de enero. Que fuerza los empujó y los mantuvo en su empeño? , tal vez, las cosas que nos empujan a todos los que subimos montañas, entusiasmo genuino, arrogancia y motivación, todas ellas puestas en funcionamiento para satisfacer el ego, las ansias de completar exitosamente la empresa comenzada tiempo antes, a veces meses antes.

Existen otras componentes, pero la satisfacción del ego no me caben dudas que está presente en mayor o menor medida en todos los casos. Podemos si queremos incorporar un condimento más a este cóctel helado y mortífero, un poco de arrogancia, no siendo desconocida en el ambiente, puedo apostar por su intervención.

La llegada a la cumbre corrobora la capacidad, eleva el alma, incrementa la autoestima, satisface la vista, justifica los esfuerzos, acaba con las ultimas energías, complica las enfermedades de la altura, nos recuerda que hay que bajar, se pierde la inercia física y psíquica de la lucha por la conquista. He visto a muchos montañeros derrumbarse luego de alcanzar su objetivo.

Allí, Federico, fotos mediante, nubes y viento, probablemente cayó definitivamente en el manto oscuro del edema cerebral, presa de una de las peores manifestaciones del Mal Agudo de Montaña, quedó inhabilitado para tomar decisiones, su buen juicio definitivamente comprometido y una caída estrepitosa de sus capacidades motrices, asustaron y no es para menos a sus clientes. Bajo la presión del miedo y el clima, crecieron las fricciones dentro del grupo y se tomaron malas decisiones, de las cuales la peor, bajar con rumbo hacia el Este, directo a las fuertes pendientes del Glaciar de los Polacos, sin advertir que el terreno no tiene ninguna similitud con el descenso por al ruta normal, producto del desconocimiento, el miedo y el agotamiento. A medida que avanzaba la tarde se introdujeron más y más en las pendientes que los alojarían esa noche.

Esto explica varias cosas: porque fue Matteo Refrigeratto quien manejó las comunicaciones, debido a que no podía hablar Federico, son las razones para que un grupo de clientes que pagaron a Federico una tarifa por su seguridad y terminaron su aventura perdidos, congelados y con una compañera muerta, tal vez sienten responsabilidad o carga moral por haberse equivocado de esa manera, pero su poca capacidad técnica y táctica es la razón por la que contrataron dos guías, si fuesen montañeros competentes, hubiesen ascendido solos, como hacen muchos deportistas en el mundo entero.

Los orígenes de este accidente permanecen en la penumbra y tal vez queden así, pero es necesaria una reflexión profunda y un análisis para evitar aquellas cosas que son fácilmente evitables, en este caso no se trata de cuestiones técnicas complejas, de errores en medio de la vertical en los que solo un instante separa la seguridad de la catástrofe, aquí hay una sucesión de hechos que lentamente llevaron a este grupo a tan mal puerto, negligencia, ambición desmedida, mensajes equivocados, falta de resolución, mal manejo del factor tiempo, todo tiene que ver con las decisiones, solo con eso, debemos aprender de estos tragos amargos para mejorar los mensajes, para reevaluar los peligros, incluso los de las rutas normales que son los que casualmente, más gente matan.

RESCATE ACONCAGUA


Hace un tiempo relativamente largo, enero de 2010, presenciamos un video escalofriante que prácticamente mostraba la muerte de una persona, como es lógico de inmediato se ha producido un tsunami mediático.

Me tomé el atrevimiento de escribir sobre ese tema, debido a que durante la primera quincena de enero de ese año participé de una expedición en Aconcagua y por ello estuve muy próximo de esos acontecimientos y conozco bastante bien la montaña y el medio ambiente humano que la visita. Al bajar me tomé el trabajo de entrevistar a muchas personas que participaron del rescate, fue en esas charlas que me enteré de una versión que aseguraba que a Federico Campanini lo habían dejado aun con vida, cosa que no me extrañó demasiado, ya que es algo triste y desagradable que ha ocurrido antes en ese mismo cerro, también en otros y seguirá pasando. Una vez en Neuquén, retomadas mis actividades como conductor de radio en LU5 AM600, me dediqué meticulosamente a leer artículo tras artículo, buscando las palabras de los sobrevivientes y creí muy oportuno verificar sus declaraciones en algunos medios de Italia, el más accesible y abundante en novedades fue La Stampa de Torino.

Me sorprendió un poco ver el video con las últimas imágenes de Federico Campanini (31), y ante este dramático espectáculo, casi todos sentimos que algo debíamos decir, asumo que lo más prudente en esos casos es informarse antes de hablar o escribir.

Lo que se desprenden son ideas e intrigas que aún quedan en la atmósfera que rodea al accidente de los italianos como lo llamamos, hecho con tanta repercusión.

Todo había empezado meses antes en Bragno, Italia, lugar de origen de los turistas, desde allí a través de las páginas de la Stampa el señor Marcelo Cominetti (47) un Guía de Montaña Alpino, responsable de la oficina de Star Mountain, una agencia de viajes de aventura, que se encuentra en la calle Gallesio de la ciudad de Riviera en Ligure, Italia, al ser entrevistado, el pasado 10 de enero dijo: que al grupo, refiriéndose a Refrigeratto, Afasio, Atanasio, Senin y Targa los conocía hacía años, les había vendido varios viajes anteriormente a otras montañas incluyendo un viaje a los Himalayas, por lo que, más que clientes ya eran amigos. Que ellos contrataron un paquete independiente, lo que quiere decir que solo les proporcionaron el viaje, los pernoctes y que contrataron un guía acreditado y seguramente experto en el Aconcagua y que: El supo que sumarian a un guía conocido y de confianza de origen argentino, Fedrico Campanini.

En Aconcagua la empresa chilena Azimut 360 que presta servicios logísticos y de guiado se encargó de la logística en el Parque y les proporciono un guía de su staff, el señor Rolando Abaca.

El acto final de esta historia comenzó a desencadenarse anónimamente el día martes 6 de enero, cuando el grupo integrado por los cinco turistas italianos, el guía oficial Rolando Abaca y Federico Campanini, titulado de la Escuela Provincial de Guías de Alta Montaña de Mendoza, pero que ingresó como turista, a quienes habían contratado para que los condujeran en un ascenso por la ruta normal del Aconcagua, salen, a primera hora, desde el campamento llamado Berlín o Gral. Plantamura (5900). A poco de iniciado el ascenso Antonella Targa (50) abandonó el intento por no poder mantener el ritmo de marcha, descendió acompañada por el guía oficial de la expedición, el que proveyó la empresa Azimut 360. Continuaron Matteo Refrigeratto (35), Mirko Afasio (39), Marina Atanasio (38) y Elena Senin (38) siguiendo a su guía de confianza, Campanini. Alcanzaron la cumbre (6970 m.s.n.m.) ese día pasadas las 16 horas.

La situación en la que ocurrió el extravío, esa tormentosa tarde, origen de los males conocidos, abre algunos interrogantes, en principio faltan a la verdad cuando dicen que la tormenta los sorprendió, ya que había comenzado mucho antes de las 16 horas. Resulta extraño que Federico Campanini, quien era un guía competente, habilitado por el Parque en otras ocasiones para ejercer ese trabajo y conocedor del cerro, se haya perdido en un lugar tan obvio como es la cumbre del Aconcagua, aun en medio de una tormenta. Se sabe que estaban muy cansados porque habían abandonado las mochilas mucho antes de la cumbre. Cabe preguntar: si como guía del grupo, fue él quien tomó las decisiones, evaluó las condiciones meteorológicas y eligió el camino, o no?.

De los dichos de los sobrevivientes puede deducirse que no. Refrigeratto dice en una nota a La Stampa, que “Campanini subió con mucho sacrificio y que al llegar a la cumbre tuvo convulsiones”, cosa que desde luego tiene una componente neurológica importante, posiblemente ligada al M.A.M. con edema cerebral. Las comunicaciones que Campanini mantuvo con los guardaparques, dejaban traslucir su lamentable estado, ya al comienzo de estos acontecimientos, él les aseguró ver el sol desde un lugar sombreado y escuchar el sonido del helicóptero mucho antes que este despegase, alucinaciones propias de un edema cerebral severo.

En medio de la tormenta y sin la asistencia del guía, porque de haberla tenido, como afirma Refrigeratto, a los medios mendocinos, lo lógico hubiese sido que organizara el descenso por el lugar que corresponde que es muy obvio, más aun para un experto como era él. Sin conducción el grupo se desplazó a la deriva, exactamente en la dirección contraria. De lo sucedido en esos momentos se desprende otra controversia de las declaraciones de los sobrevivientes, respecto de la forma y circunstancias en las que perdió la vida Elena Senin: Refrigeratto sostiene que se puso hipotérmica y que también sufría de edema y que estos males terminaron con su vida, que él personalmente le dio cachetadas y que junto con Campanini, quien también era paramédico, constataron su deceso y continuaron deambulando en busca del camino. Mirko Afasio dice algo distinto: que caminando a la deriva en medio de la tormenta, encontrándose Elena Senin en estado de agotamiento resbaló no pudiendo frenarse y la perdieron de vista casi de inmediato, sin saber más de Ella, hay que tener en cuenta al analizar estos dichos, que el cuerpo se encuentra en un lugar inaccesible, y difícilmente un cadáver se hubiese desplazado en una zona con nieve profunda como estaba ese día la montaña.

Al caer la tarde del 6, con las carpas semi cubiertas de nieve, Yo estaba con mis compañeros de grupo en el Campo Uno del acceso al glaciar de los Polacos, escuchamos que pedían asistencia vía radial (VHF), sin saber quien hablaba y repetía la frase “no conozco la montaña”, seguramente se trataba de Refrigeratto a quien luego identificamos.

El miércoles 7 a primera hora volaba, a gran altitud, por encima del los 7000 metros, el helicóptero que está al servicio del Parque Provincial Aconcagua, con el objetivo de localizarlos y dar precisiones acerca de su ubicación, la búsqueda fue exitosa, desde la aeronave comunicaron que localizaron al grupo y que vieron movimientos que aseguraban su sobrevivencia a una noche extremadamente inhóspita. Los grupos de rescate salieron desde varios campamentos pero no pudieron ascender durante esa jornada, solo llegaron al campamento Berlín por las malas condiciones de clima y nieve profunda en las laderas. Por la tarde del miércoles les avisaron por el medio mencionado (VHF) la imposibilidad de asistirlos, por lo que desde la estación de Guardaparques y desde la Patrulla de Rescate de la Policía de Mendoza, con asiento en un destacamento ubicado en Plaza de Mulas se le sugirió a Matteo Refrigeratto quien manejaba las comunicaciones de los extraviados, que se enterrasen en la nieve para evitar los efectos refrigerantes del viento (convección térmica) a esa hora ya sabíamos que una mujer, miembro del grupo, había perdido la vida, que el guía no podía hablar y que estaban por encima del Glaciar de los Polacos en un lugar de muy difícil acceso.

Para el medio día del 8 la tormenta recobró fuerza, el viento y la nieve impedían la visibilidad, aun a menor altitud donde me encontraba junto a los miembros de mi grupo, a unos 5500 m.s.n.m.

En condiciones muy adversas, se organizó un desplazamiento, tal vez nunca visto antes en Aconcagua, un operativo masivo, se dispuso a discreción el uso del helicóptero con los riesgos para el piloto y la aeronave, no solo estaban los rescatistas, sino un gran despliegue logístico de asistencia para aprovisionar, armar campamentos, dar energía y fundir nieve para conseguir agua, en ese lugar no hay arroyos ni nada parecido, ayudando así a los que ascendían en medio de una tormenta.

Las personas que se ven en el video, son solo una sección del grupo de patrullas y “voluntarios” que ascendieron más de mil metros de desnivel en medio de una tormenta, sin más motivación que la solidaridad y el apego a la ética montañera. Alcanzaron la cumbre y descendieron por la vertiente Este, la que deriva hacia el Glaciar de los Polacos, unos cuatrocientos metros. Una vez allí comenzó el rescate propiamente dicho al contactar con las primeras víctimas; Refrigeratto, Afasio y Atanasio, ellos se habían desplazado por sus propios medios en dirección a la cumbre, mientras que Campanini, imposibilitado motrizmente estaba aun en un lugar de menor altitud y a mayor distancia de la cumbre. Los tres italianos fueron trasladados con muchas dificultades, tanto que ninguno de los tres alcanzó la base del cerro esa noche, debiendo pernoctar en los campamentos a gran altitud, que el grupo de logística había preparado y abastecido con agua y alimentos durante el día.

Los que muestra el video, son los que llegaron hasta el accidentado que estaba más distante de la cumbre, Federico Campanini. La evacuación debía pasar por la cumbre, debido a que el descenso por el glaciar es una tarea de una complejidad que la patrulla con buen juicio, evaluó como muy peligroso y demandante.

Llegar al donde estaba el ultimo extraviado insume un tremendo desgaste físico, por eso se los ve con mochilas pequeñas y los elementos mínimos, ya que debieron ascender muy rápido, pisando durante horas la nieve recién caída, bajo la presión de la tormenta. Es impensable realizar un ascenso rápido porteando equipo pesado, en una situación en la que el factor tiempo era apremiante, tanto como las condiciones climáticas, jugando en contra de unos y otros. Hay que tener en cuenta que una camilla muy liviana pesa alrededor de 10 Kg. ese peso que parece insignificante a la altura del mar, resulta un impedimento de importancia en esas condiciones particulares. Además hay que considerar que el horario para descender está condicionado por la luz diurna, pudiéndose hacer de noche pero con un nivel dew riesgo muy alto.

Quienes estaban allí tratando de motivar a gritos e insultos, a un hombre desecho por el frío y el mal de altura, que no podía incorporarse ni siquiera halar con coherencia, exponiendo la salud y la vida. Ahora son juzgados por un público cuyo único sustento es el sentimentalismo, personas que probablemente nunca pasaron ni siquiera una hora bajo una tormenta de verdad.

Lo que se ve, es una muestra clara, cruel y evidente de la peligrosidad del montañismo, aun en rutas accesibles como es la Normal o la Travesía de Polacos del Aconcagua; que al enfrentar clima adverso, uno o dos errores pueden convertir un paseo en busca del trofeo que nos regala la altura en un infierno del que es difícil escapar.

* Antes de llegar a la cumbre, se transita un camino tortuoso, empinado y muy frío en las condiciones de ese 6 de enero. Que fuerza los empujó y los mantuvo en su empeño? , tal vez, las cosas que nos empujan a todos los que subimos montañas, entusiasmo genuino, arrogancia y motivación, todas ellas puestas en funcionamiento para satisfacer el ego, las ansias de completar exitosamente la empresa comenzada tiempo antes, a veces meses antes.

Existen otras componentes, pero la satisfacción del ego no me caben dudas que está presente en mayor o menor medida en todos los casos. Podemos si queremos incorporar un condimento más a este cóctel helado y mortífero, un poco de arrogancia, no siendo desconocida en el ambiente, puedo apostar por su intervención.

La llegada a la cumbre corrobora la capacidad, eleva el alma, incrementa la autoestima, satisface la vista, justifica los esfuerzos, acaba con las ultimas energías, complica las enfermedades de la altura, nos recuerda que hay que bajar, se pierde la inercia física y psíquica de la lucha por la conquista. He visto a muchos montañeros derrumbarse luego de alcanzar su objetivo.

Allí, Federico, fotos mediante, nubes y viento, probablemente cayó definitivamente en el manto oscuro del edema cerebral, presa de una de las peores manifestaciones del Mal Agudo de Montaña, quedó inhabilitado para tomar decisiones, su buen juicio definitivamente comprometido y una caída estrepitosa de sus capacidades motrices, asustaron y no es para menos a sus clientes. Bajo la presión del miedo y el clima, crecieron las fricciones dentro del grupo y se tomaron malas decisiones, de las cuales la peor, bajar con rumbo hacia el Este, directo a las fuertes pendientes del Glaciar de los Polacos, sin advertir que el terreno no tiene ninguna similitud con el descenso por al ruta normal, producto del desconocimiento, el miedo y el agotamiento. A medida que avanzaba la tarde se introdujeron más y más en las pendientes que los alojarían esa noche.

Esto explica varias cosas: porque fue Matteo Refrigeratto quien manejó las comunicaciones, debido a que no podía hablar Federico, son las razones para que un grupo de clientes que pagaron a Federico una tarifa por su seguridad y terminaron su aventura perdidos, congelados y con una compañera muerta, tal vez sienten responsabilidad o carga moral por haberse equivocado de esa manera, pero su poca capacidad técnica y táctica es la razón por la que contrataron dos guías, si fuesen montañeros competentes, hubiesen ascendido solos, como hacen muchos deportistas en el mundo entero.

Los orígenes de este accidente permanecen en la penumbra y tal vez queden así, pero es necesaria una reflexión profunda y un análisis para evitar aquellas cosas que son fácilmente evitables, en este caso no se trata de cuestiones técnicas complejas, de errores en medio de la vertical en los que solo un instante separa la seguridad de la catástrofe, aquí hay una sucesión de hechos que lentamente llevaron a este grupo a tan mal puerto, negligencia, ambición desmedida, mensajes equivocados, falta de resolución, mal manejo del factor tiempo, todo tiene que ver con las decisiones, solo con eso, debemos aprender de estos tragos amargos para mejorar los mensajes, para reevaluar los peligros, incluso los de las rutas normales que son los que casualmente, más gente matan.